Menos kilos, mejor fruta y un mercado que no respira.
La cosecha 2026 dejó menos volumen que otros años pero uvas muy sanas, colores intensos y buenos parámetros enológicos. Pero mientras la calidad ilusiona, el precio pagado al productor volvió a encender la discusión de siempre. Qué pasó en Mendoza, San Juan y el resto del mapa vitivinícola argentino.
La vendimia 2026 ya puede sacar las primeras conclusiones: hubo menos uva, pero mejor uva. En términos productivos, varias estimaciones marcaron caídas importantes en zonas claves. El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INVA) había anticipado una baja cercana al 9% en Mendoza al inicio de cosecha, aunque luego distintos relevamientos privados hablaron de mermas mayores según oasis y variedades. Incluso algunos reportes posteriores mencionaron descensos más profundos en determinadas áreas.
¿Dónde pegó más fuerte? En Malbec, justamente la niña mimada argentina. Algunos informes señalaron que la variedad podía caer alrededor del 30% promedio, con zonas del sur mendocino mucho más castigadas. Eso significa menos oferta de uvas premium y probablemente más presión futura sobre ciertos vinos de alta gama.
Ahora bien; no todo fue malas noticias. La sanidad general de la fruta fue buena a muy buena. El verano seco en varias regiones redujo presión de hongos y permitió entrar a cosecha con racimos prolijos, piel firme y concentración interesante, según pudimos conversar con algunos productores mendocinos. Y para traducirlo a nuestro idioma: se consiguieron uvas más chicas, con buena relación piel/jugo, algo que suele regalar más color, más estructura y mejores aromas.
En uvas tintas como Malbec, Cabernet Sauvignon y Bonarda se vieron mostos con intensidad colorante superior a otros años más húmedos. Los enólogos hablan de antocianos ( que resumido: son moléculas que están en la piel de las uvas y que son responsables del color del vino) más firmes y madurez fenólica pareja. En blanco, Chardonnay y Torrontés mostraron perfiles frescos cuando se cosecharon a tiempo.
Respecto del pH, el 2026 dejó números razonables en líneas generales. En zonas frescas de altura se trabajó cómodamente entre 3,3 y 3,6 en tintos tempranos, mientras que parcelas más cálidas ascendieron un poco más. No fue un año extremo de acidez filosa ni de sobremadurez. Fue, en muchos casos, una vendimia de precisión: había que estar muy atento en cuando y como entrar la uva.
El clima en cosecha tuvo de todo un poco. Algunas lluvias puntuales demoraron algunas recolecciones, pero no apareció un evento masivo que arruinara la temporada. Hubo preocupación por heladas previas y por olas de calor en momentos sensibles del ciclo, suele pasar bastante, y que explican parte de la merma de kilos.
Y llegamos al tema que más ruido hace: la guita. Productores mendocinos denunciaron que muchas bodegas ofrecían entre $220 y $300 por kilo, mientras estudios de costos ubicaban la rentabilidad arriba de $420 e incluso entidades pedían $500 para trabajar con margen real. En otras palabras: gran parte del viñatero sintió que vendió barato otra vez. Este ida y vuelta constante entre viñatero y bodeguero es un tema para prestarle atención para que toda la cadena salga favorecida y no sea solo negocio de «unos pocos».
Ante la falta de precios de referencia, el gobierno de Mendoza anunció financiamiento para pequeños productores (hasta 20 hectáreas) para la cosecha y acarreo, con valores de $7.000 a $9.000 por quintal ($70-$90 por kg), lo que cubría solo una parte de los gastos de recolección, no el costo de producción total.
¿ Y como estuvo comparada con años anteriores? En 2024 había dejado más volumen en varias zonas. 2025 mostró mejor equilibrio comercial en algunos nichos. 2026, en cambio, se recordará como una cosecha corta y cualitativa.
Si el consumo interno no repunta y exportar sigue exigente, el negocio seguirá fino como un hilo de seda. Pero cuando hay menos vino y mejor vino, también aparece oportunidad: reposicionar precios, cuidar marcas y volver a hablar de valor en lugar de sólo un descuento.
Por suerte, parece que en lo que va de Marzo y Abril, hubo una leve mejora en el consumo. Esperemos que la curva de evolución, mayor consumo y reactivación de la industria, siga en alza. aunque sea pequeña pero sostenida.
La conclusión es que Argentina sigue por el buen camino de la calidad de los vinos. El problema no está en la viña, está en cómo hacemos que la porción de la torta sea equilibrada. Si la cadena entiende eso, 2026 puede haber sido el sacudón necesario.
¡Chin Chin!

